La necesaria fraternidad
El comienzo de un nuevo año siempre
trae consigo la posibilidad y la necesidad de preguntar-se ¿cómo
será este 2026?
Pero este interrogante no puede ser
respondido solamente desde el azar, la suerte o los deseos de cada uno, sino
desde la disposición personal y, sobre todo, desde la situación en que se
encuentra la sociedad en que estamos inmersos.
Y la verdad es que una rápida ojeada a
nuestro entorno no resulta demasiado esperanzadora si tenemos en cuenta que en
el orden mundial parece imponerse la ley del más fuerte, los derechos humanos
vuelan por los aires y la economía impone su ley más salvaje…
Una lectura de la breve, pero profunda
carta del obispo de san Feliu de Llobregat a los reyes
magos, tan difundida y que puede
leerse en las redes sociales, muestra que hay elementos más que suficientes
para ponerse las pilas si no queremos naufragar…
Cuando todo lo que consideramos justo y
necesario para que las personas, hombres y mujeres, puedan vivir dignamente
como seres humanos se tambalea, es urgente encender la alarma.
La denominada Revolución francesa, en
su momento (1789-1799), salió a la calle con el eslogan de libertad,
igualdad y fraternidad, valores que se consideran
fundamentales para una vida en democracia, pero hoy estos valores los vemos
profundamente deteriorados en muchos lugares de la tierra.
Por todo lo expuesto, yo le pediría,
sobre todo, al año 2026 que de los tres valores trabajemos más profundamente la
fraternidad, que siempre tiene que ir más allá de sexo, raza, creencias e
ideologías…
Porque, ¿cómo puedo llamar hermano,
hermana, a una persona a la que margino, exploto o
desprecio?
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