Mi
Puntilla de hoy bebe en las fuentes de un artículo mío publicado hace unos años
en plena actividad periodística.
Celebramos hoy la Pascua hebrea (Pésaj)
o el paso de los hebreos, esclavos en Egipto, de la esclavitud a la
libertad, así como la Pascua cristiana, el paso de Jesús de la muerte a la
vida…
Con todo, “Pascuas”, en el lenguaje, hay más de una, y aparte de denominar
también así la Navidad, se habla también de “Pascua
de negros o de los negros” (Epifanía), “Pascua
granada” (Pentecostés) y “Pascua de
flores o florida”, que es la que hoy se conmemora en el calendario
cristiano
Pascua
es una festividad alegre
por excelencia, y es este matiz el que se pone de relieve en expresiones “pascuales” como “tener cara de pascua”, sinónimo de persona risueña, satisfecha y
bullanguera, o “estar (o irse) más alegre que unas pascuas”, dicho ya utilizado por Cervantes, por
ejemplo, en “La Gitanilla”, cuando indica: “cogió de la hucha de la vieja treinta reales, y más rica y más alegre
que una Pascua de Flores, fuese a casa del señor teniente…”.
Con todo, sabido es, también, que “hacerle a uno la Pascua” no es
precisamente sinónimo de hacerle regalos o un favor a alguien, sino todo lo
contrario: fastidiarle y molestarle. Terminar una frase con las palabras “…y Santas Pascuas…” es, por su parte,
signo de conformidad, o de que algo se ha terminado, o se da por zanjado;
mientras que el antiguo refrán “Buenas
son mangas después de Pascuas” –interpretando o traduciendo “mangas” por “regalos”- indica que bienvenido sea algo que esperábamos, aunque
llegue tarde.
Este año, por suerte para los
supersticiosos, la “Pascua florida”
ha caído en abril, con lo que cabe esperar con mayor optimismo el futuro, pues “Pascuas marzales, hambres o mortandades”,
dicho que reflejaba la creencia de que cuando el “pesaj” caía en marzo, ese año sería de hambre, pestes y guerras...
Y en Catalunya es la “mona de Pascua”
la que se lleva la palma de la originalidad expresiva, por lo que voy a dedicar
a ella mi último párrafo.
Sabido es que la tradición asigna, al
que apadrina una criatura, la obligación de obsequiarle, al llegar la Pascua,
con algún postre. La costumbre quiere hacer mostrar al padrino que sigue
pensando en su ahijada o ahijado.
Antaño, sin embargo, no era la “mona” el regalo “pascual”, sino un serón de frutas secas, o unos huevos. Más tarde,
comenzaron a prepararse unas tortas sobre las que incrustaban tantos huevos
como años tenía el ahijado, por lo menos hasta que tuviera una docena. Y a mediados
del siglo diecinueve, y al extenderse la producción de pasteles, surgió la idea
de los pasteles arquitecturados, sobre los que culminaba la figura burlona de
un “mico”… Pero como además de su
presencia en la cúspide de las tortas el “mico”
solía ir siempre con un plumerito verde surgió la denominación de “monas” a las tortas o pasteles propios
de estas fechas, nombre que ha prevalecido
hasta hoy.
Amados lectores y lectoras, buena Pascua
2026.
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