La
credibilidad no es gratuita
Hoy
suele ser muy frecuente entre los sociólogos y analistas de la sociedad el
hecho de afirmar que estamos ante una crisis profunda de credibilidad.
No son creíbles, en general, muchos
políticos, curas, militares y personas que hablan sin saber de lo que hablan,
ni tampoco los que faltan a sus propias palabras y compromisos.
Todos, naturalmente, en principio,
queremos ser creíbles, pero nos olvidamos demasiadas veces de que para merecer
credibilidad hacen falta, como mínimo, cuatro principios básicos:
–ser honestos
–ser prudentes
–dominar el tema de que hablamos
–y comprometerse en lo que exigimos a los demás
Ser honestos, admitiendo los propios errores y desaciertos; comporta proponer modelos ejemplares, más que ejemplaridades propias.
Ser prudentes supone no ir por la vida
echando en cara los defectos de los demás, sin mirar los propios
Dominar el tema de que hablamos suele
ser una condición indispensable para ofrecer verdadera sensación de
credibilidad
Y, finalmente, para merecer la
confianza de los demás es totalmente necesario implicarse en aquello que
pretendemos obtener de los otros.
La credibilidad no es fácil, ni es
gratuita. Supone mucho tiempo y esfuerzo para ganarla, y se puede perder con
mucha facilidad…
Y hay credibilidades que una vez se
pierden ya no se recuperan…
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