La
muerte de la conversación
Entre los inconvenientes de las
tecnologías digitales no cabe duda de que hay que inscribir y denunciar la
muerte, o al menos la gran disminución, de las conversaciones.
El diccionario define la conversación
como la acción y efecto de hablar familiarmente, cara
a cara, una o varias personas con otra u otras…
Ahora,
sin embargo, prevalecen entre las personas los mensajes cortos y rápidos,
embutidos en objetos y mecanismos impersonales. Sacrificamos la conversación
por la simple conexión. Hablamos con objetos y no con seres humanos. Desconocemos
el vínculo afectivo o emocional que puedan provocar nuestras comunicaciones…
Y todo este panorama tiene,
naturalmente, sus consecuencias negativas.
Platón, por ejemplo, decía que la
conversación entre las personas era la forma más elevada de conocimiento, y no
cabe duda de que muchas de nuestras mejores ideas habrán surgido de largas
conversaciones con personas…
Los estudios inician, pero las
conversaciones perfeccionan lo estudiado, porque pueden aportar experiencias y
vivencias que los libros no ofrecen. Y no cabe duda de que de una buena
conversación pueden surgir muchas oportunidades…
Frente, pues, al uso y abuso de las
pantallas es el momento de reivindicar la conversación y el diálogo cara a
cara.
El gran pensador francés Michel de
Montaigne dijo que «la conversación es el ejercicio
más fructífero del espíritu» Y
así nos van las cosas del espíritu…
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