Publicidad
invasora…
La
invasión publicitaria que sufrimos los miembros de sociedades regidas por el
mercantilismo y las leyes de la oferta y la demanda está llegando a límites más
que detestables…
Publicidad
invasora…
La
invasión publicitaria que sufrimos los miembros de sociedades regidas por el
mercantilismo y las leyes de la oferta y la demanda está llegando a límites más
que detestables…
Lecciones
de un filósofo…
He escrito en más de una ocasión que el
hecho de quitar la asignatura de filosofía de los planes de estudio me parece
una nefasta barbaridad cultural.
Esta semana, por ejemplo, he leído un
espléndido artículo sobre el pensamiento de Edgar Morin, un filósofo y
sociólogo francés, de 104 años de edad, que es uno de los grandes pensadores
actuales.
Y de las muchas afirmaciones suyas que podrían
ayudar sobre todo a los jóvenes me quedo, en primer lugar, por ejemplo, con su
pensamiento sobre la inteligencia artificial, hoy tan totémica entre la
juventud…
Dice Morin: hoy
la inteligencia artificial puede dar miedo, pero yo temo, sobre todo, la
inteligencia humana superficial… Sin un pensamiento profundo, ético y complejo, la
tecnología deja de ser una herramienta al servicio del ser humano para
convertirse en un atajo que debilita su responsabilidad y su capacidad de
juicio…
¡Cuánta verdad encierran estas palabras!
El filósofo francés tiene claro, por otra parte, cuáles
son los peligros, entre otros, que hoy amenazan a la humanidad: la
proliferación de armas nucleares, el estallido de los fanatismos, la
degradación de la biosfera y una economía dominada por una especulación
desenfrenada…
Harían muy bien, por lo tanto, sobre todo los jóvenes,
nutrirse de la filosofía de este veterano pensador que, preguntado por las
distintas fases de su vida, afirma: conservo la curiosidad de la infancia, las
aspiraciones de la adolescencia, la responsabilidad del adulto y ahora, ya
anciano, intento nutrirme de la experiencia de todas las edades que he
atravesado…
Son muy buenos caminos…
Escuchar
el silencio interior…
Me ha
sorprendido gratamente que entre los libros más vendidos en la pasada Navidad
se halla el escrito por el gran pensador surcoreano Byung Chul Han, premio
Príncipe de Asturias 2025 de Comunicación y Humanidades, con el título de Sobre
Dios. Pensando con Simone Weil…
El libro
es un profundo diálogo entre el autor y la mística e intelectual francesa,
muerta a los 34 años, quien afirmaba que no hay
dicha comparable al silencio interior…
Pero si
escojo hoy este tema para mi Puntilla no es,
como dijo alguien, tanto para
hablaros de este libro… sino de
su autor y haceros llegar el profundo análisis que hace de la sociedad actual.
Los seres humanos – dice- somos,
cada vez más, esclavos de un mundo que se ha convertido en un mercado en el que
cuentan más el dinero y las mercancías que las personas; somos víctimas de unas
redes sociales que ofrecen vulgaridad, agresividad y odio, y somos también esclavos
de una denominada democracia que, falta de ética, carece de contenido y hace
posible, por ejemplo, que la brecha entre pobres y ricos sea cada vez mayor…
Hoy hay, además, una profunda crisis de
fe religiosa, y cuando se le pregunta por qué a Chul Han, que es católico y que
coincide en gran parte con el pensamiento de Simone Weil, afirma que el ser
humano ha perdido la capacidad de escucharse interiormente, aturdido por el
ruido atronador de la comunicación…
Y no deja de ser curioso que cuando los
analistas sociales interpretan una relativa vuelta a la fe por parte de algunas
personas, sobre todo jóvenes, suelen citar haber leído a Byung Chul Han,
natural de Seúl, que a los 22 años emigró a Alemania, donde permanece en la
actualidad, y que, a sus 66 años, ha escrito ya 32 libros y es profesor en la
Universidad de Berlín.
La necesaria fraternidad
El comienzo de un nuevo año siempre
trae consigo la posibilidad y la necesidad de preguntar-se ¿cómo
será este 2026?
Pero este interrogante no puede ser
respondido solamente desde el azar, la suerte o los deseos de cada uno, sino
desde la disposición personal y, sobre todo, desde la situación en que se
encuentra la sociedad en que estamos inmersos.
Y la verdad es que una rápida ojeada a
nuestro entorno no resulta demasiado esperanzadora si tenemos en cuenta que en
el orden mundial parece imponerse la ley del más fuerte, los derechos humanos
vuelan por los aires y la economía impone su ley más salvaje…
Una lectura de la breve, pero profunda
carta del obispo de san Feliu de Llobregat a los reyes
magos, tan difundida y que puede
leerse en las redes sociales, muestra que hay elementos más que suficientes
para ponerse las pilas si no queremos naufragar…
Cuando todo lo que consideramos justo y
necesario para que las personas, hombres y mujeres, puedan vivir dignamente
como seres humanos se tambalea, es urgente encender la alarma.
La denominada Revolución francesa, en
su momento (1789-1799), salió a la calle con el eslogan de libertad,
igualdad y fraternidad, valores que se consideran
fundamentales para una vida en democracia, pero hoy estos valores los vemos
profundamente deteriorados en muchos lugares de la tierra.
Por todo lo expuesto, yo le pediría,
sobre todo, al año 2026 que de los tres valores trabajemos más profundamente la
fraternidad, que siempre tiene que ir más allá de sexo, raza, creencias e
ideologías…
Porque, ¿cómo puedo llamar hermano,
hermana, a una persona a la que margino, exploto o
desprecio?
Generaciones
jóvenes...
De un tiempo a esta parte se ha puesto
de moda calificar a las generaciones jóvenes por sus años de nacimiento; y los sociólogos
hablan, por ejemplo, de la generación alfa y de la
generación zeta...
Una generación
se considera un período de tiempo entre 15 y 20
años, y la generación alfa sería
la de las personas que tienen hoy de 14 a 25 años; mientras que la generación
zeta, sería la de
quienes tienen entre 25 a 40 años.
Estas son, pues, hoy las dos
generaciones jóvenes de quienes más se habla, y no deja de ser curioso observar
las características que las definen, dado que constituyen el mejor ámbito de
esperanza en relación a la construcción de una sociedad mejor.
De la generación
alfa, de 14 a 25 años, cabe destacar que está
plenamente inmersa en las plataformas digitales y que el uso de la inteligencia
artificial es para ellos de uso cotidiano; pero tienen en contra la excesiva
dependencia tecnológica y el impacto que esta dependencia tiene en la salud
mental y en la socialización…
De la generación
zeta, de 25 a 40 años, en la cual
muchos analistas confían tal vez desmesuradamente, cabe señalar que ya nació en
pleno crecimiento digital, que tienen más o menos conciencia, para bien o para
mal, de la complejidad de los temas políticos y sociales, que suelen
interesarse por el medio ambiente y la salud mental, y son consumidores
permanentes de contenidos cortos, servidos por Reels, Ttik-Toks, WhatsApps,
YouTubs etc., a la vez que prefieren el trabajo remoto, más que el presencial…
Recientemente, por ejemplo, he
observado que estas características son cada vez más analizadas y he oído a más
de un político o analista social o religioso poner sus mejores esperanzas en la generación zeta… A ver si nos trae un mejor 2026 para todos…
Pros
y contras de la Navidad...
Las fiestas y celebraciones navideñas son
siempre objeto de reiterados análisis por parte de los comentaristas sociales, dedicados
a destacar los pros y los contras de estos festejos…
Se ha hablado, con frecuencia, y se
volverá a hablar este año, sin duda, de los rechazos, temores, angustias y
hastíos de estas celebraciones, así como de la bondad, la alegría, los ritos y
las compras tan abundantes estos días…
Por una parte, el solsticio de
invierno, con las noches más largas del año, no convida a mejorar nuestro
estado de ánimo, y no es casual, entre otras cosas, que intentemos suplir la
oscuridad con una explosión de luces por doquier, para mejorar, siquiera,
nuestro permanente temor a la oscuridad…
Y no nos podemos olvidar de que, a
pesar de que se magnifica el relieve, en muchas familias, de las cenas y
comidas de estos días, no faltaran las situaciones en las que en torno a la mesa
faltaran, sin duda, seres queridos recientemente fallecidos, a la vez que no
será posible ahogar el hambre y la pobreza en muchos hogares del mundo…
Y si miramos a la posibilidad de que
para muchos estos días serán de vivencia religiosa y afianzamiento del misterio
de Dios, tampoco cabe lanzar las campanas al vuelo en una sociedad ampliamente deshumanizada
como es la nuestra
Con todo, y más allá de lo expresado,
no cabe duda de que Navidad es una buena ocasión para abrir huecos de
esperanza, afianzar el deseo de que no todo está perdido y que es posible
todavía sembrar el mundo de luces y estrellas que apaguen las sombras…
Todos tenemos alguna posibilidad…
¡Utopía y Navidad!
Deseada
felicidad…
Las
próximas celebraciones navideñas traerán de nuevo al primer plano de la
actualidad el permanente deseo de felicidad y serán una nueva oportunidad para
reflexionar sobre esta permanente aspiración del ser humano.
¿Soy feliz?, ¿Cómo entiendo la
felicidad? ¿Cuál es el principal obstáculo actual que me impide ser feliz?
Las preguntas suelen multiplicarse y
cada uno las afronta desde su propia situación personal; pero hay una serie de
condicionantes de la felicidad que no se pueden dejar a un lado.
Un primer punto clave es, naturalmente, la salud física y mental, pero hoy,
en nuestra compleja sociedad, son mucho más influyentes los condicionantes
psicológicos, como son la autoestima, les gestión emocional y la actitud frente
a las dificultades…
Y
junto a los condicionantes psicológicos, están los condicionantes sociales: las
relaciones interpersonales y los vínculos afectivos, el hecho de sentirse o no
acompañado, respaldado y valorado en la vida…
Otro
punto fundamental radica, además, en los condicionantes económicos y materiales
que marginan la felicidad: las carencias en alimentación y vivienda, la falta
de trabajo y la inestabilidad económica…
Como
también marginan la felicidad la carencia de valores culturales, la falta de
pensamiento crítico y los vulnerados contextos sociales y políticos (justicia, libertad
y igualdad…)
Y no
puedo terminar la lista sin la alusión a las creencias personales, religiosas o
no, que den sentido a la existencia de cada cual, así como la ética y la
coherencia de vivir de acuerdo con los propios valores…
La
felicidad es, pues, bastante compleja, pero yo os lo deseo de todo corazón: Feliz
Navidad 2025…