Huir de los extremismos
En una
de sus últimas columnas, el gran periodista y escritor Juan José Millás
reflexionaba sobre una de las actitudes que suelen observarse hoy en la
conducta y actitud de muchas personas: nos gustan demasiado los extremismos…
Y
decía: o la izquierda o la derecha; la masculinidad o la feminidad;
la juventud o la vejez, la verdad o la mentira, el sí o el no…
El tema,
desde luego, da pie para una profunda reflexión.
Y
es que en el fondo de esta actitud está la necesidad humana de tener certezas
en tiempos de incertidumbre, de obtener soluciones simplistas frente a
problemas muy complejos…
Hoy
los impulsos prevalecen sobre el diálogo, la violencia sobre la búsqueda de
soluciones y el dogmatismo sobre sobre la argumentación y el pensamiento
crítico.
Son
demasiados los dirigentes políticos y sociales que sólo saben explotar el
miedo, el resentimiento y la frustración, en lugar de proponer y trabajar
soluciones a los problemas.
Al
adversario político, cultural o religioso se le priva de su legitimidad; y de
esta manera las instituciones supuestamente democráticas se erosionan cada vez
más…
En
definitiva, el auténtico problema no está en que las personas tengamos
opiniones diferentes, sino que el verdadero problema surge cuando creemos que
nuestra opinión nos da derecho a imponerla a los demás por la fuerza…
El
adversario no es un enemigo; el fanático lo es porque no tolera al diferente…
Pensémoslo.