Controvertida
ambición
A veces
los diccionarios, al definir las palabras, ofrecen más de una versión, porque
se encuentran con la dificultad de que una misma palabra no siempre es
interpretada por todos de la misma manera.
Y esto sucede, por ejemplo, con la
palabra ambición, de
la que el diccionario de la Academia ofrece dos definiciones bastante diversas:
a) deseo ardiente de conseguir algo, especialmente
poder, riquezas, dignidades o fama; y b) cosa
que se desea con vehemencia…
Como puede
observarse, por lo tanto, la ambición es, sin duda, uno de los impulsos que más
mueve a las personas, pero puede conducirlas a crecer y a superar límites, y/o
a esclavizar a los demás en interés propio. Puede ser una actitud que haga
crecer a uno mismo, o una actitud que esclavice y margine a los otros.
Hoy no faltan, por ejemplo, los
analistas sociales que afirman que nos hallamos ante una juventud que exige
mucho, pero se esfuerza poco. Ambiciona un mundo mejor, pero ni sabe, ni quiere,
construirlo con valores y cimientos sólidos…
A la vez, está claro que para muchos
mayores esta denuncia resulta fácil, pero no se puede ignorar que los afanes
con que muchos de ellos se mueven son más para obtener poder, y no siempre de
manera ejemplar; porque una cosa es la ambición que busca construir y otra, muy
distinta, la que sólo busca derribar y pasar por encima de los demás…
Nietzsche afirmaba, en sentido
positivo, que Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo». Y Aristóteles nos enseñó que La ambición alcanza su verdadero
valor cuando se convierte en esfuerzo y excelencia...
Un consejo muy positivo para
recordar sobre todo a los jóvenes es que La ambición pregunta siempre cuánto más puede conseguir, mientras que la
sabiduría pregunta cuánto de lo ya conseguido merece realmente la pena…
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